Me encantan las flores. Me alegran la vista.
¡Tanto, que son capaces de afectar incluso a mi
estado de ánimo!
Una casa llena de
luz y de flores me hace muy feliz.
Sin embargo, he de admitir que nunca he tenido mucha
maña para cuidar las plantas.
Cuando vivía en
Granada, se me morían ¡hasta los cactus!
Claro que, en Granada, en el salón de mi casa en verano,
hacía demasiado calor ¡hasta para los cactus!
La cosa cambió un poco cuando me vine a
Barcelona.
El verano pasado compré algunas macetas para mi terraza,
pero a lo largo del invierno, murieron (si es que la culpa es del clima, no mía...)
Así que, para celebrar que ya es primavera, compré un rosal.
Y está así de bonito:


Y hace un día tan bueno, que Cat y yo no hemos podido evitar salir un rato a la terracita a tomar el sol con el rosal.
Humm, ¡cómo se nota que tengo el día libre!
Que tengáis un buen día...