Hola amigos;
La última vez que os conté sobre mi vida, me quejaba de que estaba algo agotada de los viajes navideños... Como si eso fuera un problema de verdad... Qué ilusa. Entonces no sabía que se me avecinaba la desgracia.
El domingo pasado, mis padres se encontraron un chucho abandonado y, como es pequeño, les dio pena y lo trajeron a casa. Ahí empezó mi infierno particular.
Al verlo, me acerqué a olisquearlo un poco y presentarme, porque yo ante todo soy una persona educada, y lo primero que hizo fue ¡tratar de morderme!
Mis padres lo encontraron graciosísimo: "Mira, quiere jugar", decían. Qué horror. ¡Un perro quiere asesinarme y cuenta con el beneplácito de mis propios padres!
Desde ese día, decidí hacer protesta. Pero una protesta silenciosa, que es más mi estilo. Así pues, llevo desde el domingo sin salir del cuarto más que para ir al baño. Al principio, fue terrible... Pasó un día entero hasta que mi madre se percató de mi huelga de hambre, y accedió a traerme la comida y el agua al dormitorio.
Incluso intenté llegar más lejos, y hacer allí también mis necesidades, para que vieran que iba en serio, pero mi madre se enfadó muchísimo cuando descubrió que me había orinado en sus botas de agua (qué más le dará, ¡si son de agua!)... Decidí no correr más riesgos.
Ayer intenté poner de mi parte y salir un rato al salón. Mis padres se apiadaron y mantuvieron al chucho lejos de la estufa, donde saben que me gusta estar... Y pude disfrutar del agradable calorcito durante una media hora, hasta que el perro decidió atacarme nuevamente. ¡Cada vez que hago un esfuerzo, me llevo un susto de muerte!
En fin, que llevo así 5 días ya, encerrada en el dormitorio, camuflándome sobre esta manta de idénticos colores a los de mi pelaje (para que el perro no me vea), sufriendo lo insufrible, haciendo protesta desde la cama a lo John y Yoko, hasta que el perro se marche de mi casa.
Deseadme suerte.
Mauuu.