miércoles, 2 de abril de 2014

Escapada a Donostia.

A primeros del mes pasado, cuando aún no era primavera, hubo unos pocos días en los que verdaderamente lo parecía. Días en los que lucía el sol, el calor comenzaba a dejarse notar y el tiempo era realmente fantástico.

Cuando estuve en San Sebastián en Septiembre de 2012, M. y yo no estábamos juntos. Circunstancias de la vida, fue un viaje que siempre habíamos pensado hacer y que, finalmente, hice sin él. Pasé varios días allí con mi amiga Lorena, con motivo del festival de cine, aprovechando para conocer la ciudad y los alrededores. Todo precioso. Y allí estaba M. Todo el tiempo. En todas partes. En la playa de La Concha, en los muelles y las barcas, en el paseo marítimo, en los bares de pintxos, en las salas de cine, en las películas, en los miradores y en el parque de atracciones retro, en las callejuelas y en los verdes de los montes. MMMMMMMMMMM. Y aquél viaje terminó siendo un punto de inflexión para mí, en el que me di cuenta de muchas cosas... Como de que tenía volver a Donosti, pero esta vez con él.

Aquí os dejo algunas de las fotos que nos hicimos en San Sebastián a primeros del mes pasado, cuando aún no era primavera, pero hubo unos pocos días en los que verdaderamente, lo parecía. :)























(Nos hospedamos en el Hotel Londres, tomamos unas raciones en el bar La Mejillonera y desayunamos frente al mar en el Café de La Concha).




martes, 11 de marzo de 2014

Haciendo palanca.

"Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo"
Arquímedes



Siempre tuve complejo de Arquímedes. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. ¿No es una frase maravillosa? 

Cuando era adolescente me apoyé en la religión. Luego conocí a M. y, durante años, nuestra relación fue mi pilar maestro. Hace un par de años, mi trabajo empezó a darme satisfacciones, y lo convertí en el centro de mi vida. Así, no importaba cuántas cosas se torcieran a mi alrededor, mi punto de apoyo seguía permitiendo que todo tuviese sentido. 

"Soy capaz de grandes cosas -pensaba- sólo necesito mi punto de apoyo".

Pero a veces, Dios te abofetea en forma de realidad en la cara, y las relaciones se rompen, y las personas te decepcionan y, como me dijo un profesor en la universidad una vez, el trabajo, por mucho que te guste, no es más que trabajo. Y al final, tú sólo eres una persona, tratando de hacer milagros con una palanca.

Y no voy a decir que hay que apoyarse en uno mismo, porque eso es material de libros de autoayuda de mierda. Pero si de puntos de apoyo se trata, al fin y al cabo, ahí están nuestros dos pies. Y quizás mis pies planos no me sirvan para mover el mundo, pero me valen perfectamente para moverme por él.


Y es más que suficiente.


jueves, 23 de enero de 2014

CoSAS de TCP's VoLuMeN #27

"Hola, niños; soy Coco..."


"... Y hoy vengo a enseñaros cómo se apaga el móvil. Esto es apagado. Esto, modo vuelo. Apagado. Modo vuelo. Apagado. Modo vuelo. No señor, eso no es apagado; es bloqueado. Señor, está encendido. Señor, lo estoy viendo. Señor, no lo guarde en su bolsillo, está encendido. Sí, señor, completamente apagado. Señor, tiene usted que dejar el botón superior pulsado durante unos segundos y después deslizar el dedo por la pantalla siguiendo la flecha. Señor, yo también tengo un iPhone. Señor... Gggrrrrrggrggrgrgr".


Hace unos meses, en Estados Unidos permitieron el uso de los aparatos electrónicos de pequeño tamaño durante todas las fases del vuelo. En Europa, como siempre hacen con todas las -dudosas- iniciativas americanas, les siguieron poco después. Así que los tcp's españoles esperábamos expectantes la llegada de la circular operativa de nuestra compañía que, finalmente, nos librara de participar a diario en la kafkiana escena descrita más arriba.

Recuerdo una pequeña conversación hace tiempo en Twitter con Rodrigo Cortés, en la que él se preguntaba si obligar a los pasajeros a apagar los dispositivos durante el despegue y aterrizaje nos producía a los auxiliares cierto "gustete". El gustete que nos produce, alegué yo, es directamente proporcional a lo apegado que esté el pasajero a su aparato. Por lo general, en una situación como la anterior, ver al pasajero que por fin apaga, produce un alivio sólo comparable a ir al baño tras una larga cola en el servicio de mujeres de un bar cualquiera después de haber ingerido mucha cerveza. Es decir, mucho.



Veréis; poco antes de despegar y aterrizar, los tcp's tenemos que asegurar la cabina. Para aquellos que no voláis, esto significa comprobar que la cabina y los pasajeros cumplen con una serie de requisitos para garantizar la seguridad durante esas delicadas fases del vuelo. Esto es, abrocharse el cinturón, despejar los pasillos y salidas de equipaje, cerrar las mesitas... Y apagar los aparatos electrónicos. No son ganas de imponerse. No son ganas de joder. No es por el gustete. Es, simplemente, la parte más impopular -pero todavía obligatoria- de nuestro trabajo. 

Imaginemos un aterrizaje cualquiera. Unos diez minutos antes, los pilotos encienden la señal de cinturones. Se efectúa el anuncio al pasaje, nos ponemos las americanas, nos pintamos los morros, nos atusamos el pelo, nos bañamos en Nenuco, adoptamos la pose digna y salimos al ruedo. En cada vuelo, sin falta, nos vamos a encontrar mínimo con una de las siguientes situaciones, os lo prometo:

  • "Disculpe, señora, el móvil debe estar apagado para aterrizar". "Sí, sí claro". Y lo apaga. Y, cuando te das la vuelta, lo enciende otra vez.
  • "Perdone, por favor, apague el teléfono para el aterrizaje". "Ok". Y bloquea la pantalla. Esto es lo más habitual.
  • "Señor, por favor, apague el teléfono". "Está apagado". "¿Está apagado?" "Sí". Lo guarda en su bolsillo, molesto. Y no, no lo está. 
  • "Por favor, el teléfono apagado para aterrizar". "Está apagado". "¿Está en modo vuelo?" "Sí" "Pues apáguelo, por favor". Cara de póquer, porque no entiende la diferencia entre apagado y modo vuelo. Aquí se te van unos 3 minutos.
  • Ante la situación anterior, pasajero que exclama: "qué gilipollez", o "qué pesada", o "ya están tocando los c******" o [inserte aquí su insulto favorito]. Aquí, haces 3 respiraciones pausadamente, le recuerdas que son normas de la compañía y que no es necesario faltar al respeto. Pierdes 5 minutos y, si no pierdes también los nervios, ganas un punto de carisma.
  • Ante la situación anterior, pasajero que se niega. No, no y no. Vuela mucho, y es la primera vez que se lo dicen. En estos casos, pierdes 6 minutos, pero a cambio ganas dos canas nuevas.
  • "Perdone, tiene que apagar el móvil para aterrizar".  El pasajero te mira y (ésta es mi favorita), llevado por no sé qué impulso primitivo, lentamente y sin dejar de mirarte PONE EL TELÉFONO BOCABAJO. Porque ojos que no ven, móvil que no emite.
  • "Disculpe, tiene que apagar el teléfono ya, vamos a aterrizar". "Estoy apagando". Y sigue jugando al Candy Crush. 
  • "Perdone, apague el teléfono para aterrizar, por favor". "Está apagado" y te lo muestra con desdén. Y la pantalla, efectivamente, está negra. Pero entonces tú pulsas con maldad de tcp el botón de inicio (abajo, en el centro), y ¡sorpresa! No está apagado. "Apague, por favor". Y te maldicen en húngaro.
  • "Yo siempre lo llevo encendido y no pasa nada".
  • (Con los auriculares puestos) "Está apagado". 
  • (Con el whatsapp) "Estoy apagando".
  • "Y por qué, y por qué, y por qué, y por qué, y qué tontería".
  • "Perdone, tiene que apagar el teléfono". Y entonces, sólo entonces, después de TODO el vuelo, lo pone en modo vuelo. Ahora. Para aterrizar. Y te mira en plan "¿contenta?". Y no.
Y así españoles y rusos y franceses y eslovacos y japoneses... Todos se hacen los suecos. De repente, nadie entiende el significado de la palabra OFF, y eso que la usan a diario para apagar sus teles.

Una vez una señora muy entrañable, cuando le indiqué que debía apagar el móvil para despegar, me dio una palmadita en la mano y me dijo: "No te preocupes, hija, si lo tengo puesto ya en modo vibración" Y me lo enseñó. Y era verdad. :))

Y lo mismo con los portátiles, y las tablets, y los iBooks, y los mp4 y mp3 (sí, aún los hay), y los ipods... Y qué queréis que os diga, anhelo, deseo fervientemente que llegue el día en que permitan todo eso en vuelo, que me ahorren tanto dolor de cabeza, que me eviten discusiones absurdas, insultos y malas caras, canas, urticaria y vejez prematura. Hasta lo he pedido a los Reyes Magos y a la Fontana di Trevi al lanzar la moneda. Y cada vez que me enfrento a una situación como las que os he descrito, respiro hondo y me digo entre suspiros "ya falta menos..." 

Pero os aseguro que el día que todo esto sea sólo una anécdota del pasado, lo veremos con nostalgia y hasta lo echaremos de menos. Al fin y al cabo... ¿Qué sería de nuestra profesión, si no fuera por estos ratitos? :o)



Buenas tardes y buenos vuelos.

(Esta entrada está dedicada a Carmen, que sé que la espera. Y a Kels, que sé que la necesita).

domingo, 22 de septiembre de 2013

Los turquesas de la isla de Capri

Hace unos días, mi sobrina Ainhoa cumplió 18 años. Como los 18 son una edad especial, y como andaba yo un poco desanimada y cansada, pensé que el mejor regalo que podía hacerle era un viaje juntas. Así, la sacaba unos días del país y le daba la oportunidad de conocer otros lugares, al tiempo que yo desconectaba del trabajo y de mis problemas (y de que no tengo vacaciones hasta diciembre), disfrutando de un par de días de calidad, relax y buena compañía.


Elegimos Capri, y resultó ser un acierto absoluto.


Aquí os dejo con un montón de fotos + crónica del viaje,  comentando, sin un orden específico, mis cosas favoritas de Capri. Espero que os gusten :-)



1. En primer lugar, el agua. Estas aguas cristalinas, de toda la gama de azules y verdes que existen en el mundo, me tienen absolutamente hipnotizada y con muchas ganas de volver.



Uno podría pensar, al ver su aspecto, que se trata de aguas frías... Pero aquí viene lo mejor: el agua es templada y se baña uno muy, pero que muy a gusto.



2. Luego están los barquitos.


En Capri, casi todos los barcos tienen nombre de mujer.




El barquito amarillo del fondo me ponía feliz :-)


3. La preciosa playa de La Marina Picola, llena de rincones encantadores, ocupa un lugar especial en mi memoria.





Aunque el agua estaba calentita, el sol se va temprano en esta cala rodeada de montañas y, claro, ¡fuera hacía fresquete!




Mi sobrina es la modelo de la familia, y en esta playa le saqué algunas fotos muy bonitas: 



Y yo, bueno, no soy modelo y luzco un blanco brillante, pero vergüenza es robar y que te pillen :-p



4. No nos podemos olvidar, por supuesto, de la comida.
Si viajas a Nápoles y alrededores, tienes que ir concienciado de que volverás con la misma incipiente barriga que se me ve a mí en la foto de arriba.
Nosotras pasamos los días almorzando pasta, merendando helado y cenando pizza... ¡Mamma mia!


Las especialidades allí son la pizza margherita y los spaghetti alle vongole (con almejas). También se come mucho pescado y suelen poner alubias blancas a los platos de ensalada o de pasta.


Además, dicen que allí se come el mejor helado del mundo. Y nosotras damos fe. Yo me harté de stracciatella, y Ainhoa afirma no haber probado un helado de chocolate igual en su vida.


Bizcas, nos quedamos :o)


5. En Capri hay mar y hay montaña... Éstas eran las vistas desde nuestra terraza en la habitación de hotel. 


Aquí nos traían el desayuno cada mañana y, creedme, desayunar viendo esto alimenta el doble.




6. Luego está el precioso puerto de Capri. Con sus barcas, sus casitas de colores y sus comercios, y la Marina Grande.






7. Como buena loca de los gatos que soy, una de las cosas que más me gustó es que las calles de la isla están llenas de gatos tigre, o "caprigatos", por lo general bastante acostumbrados a las personas.


Éste era diferente. Este es Francesco, y apenas un par de minutos después de conocerlo, ya nos había ganado (y eso que a Ainhoa no le gustan) :-)

También abundan las gaviotas. Pero son pequeñas y amigables, y se mezclan con las personas en playas y restaurantes de forma pacífica, aunque no son tan cariñosas como los gatos.


8. Los taxis; extraños vehículos descapotables cubiertos por una lona verde. Aunque, una vez le tengáis cogido el truco a la isla (es pequeña), moveos en autobús (eso sí, agarraos bien) y barco.


9. La vuelta en barco a la isla es obligada. Si vais a Capri, lo ideal es alquilar vuestro propio barco, para poder deteneros en los sitios que más os gusten a tomar el sol o nadar. Pero como Capri es cara, la opción económica también se disfruta mucho: un tour de algo más de dos horas alrededor de la isla, en el que te van explicando cosas sobre todos sus rincones...



La Dama de Capri, que saluda y da la bienvenida a los turistas.


El Faro (muy Wes Anderson)


Bajo estas famosas rocas hay un pequeño arco "del amor". Dicen que cuando pasas bajo él con el barco, tienes que dar un beso a alguien, pero has de elegir con cuidado, pues quedaréis unidos para siempre. Yo le di un beso a mi sobrina, para no correr riesgos innecesarios :o)
De todas formas, más que rocas del amor, parece que vaya a salir por detrás el barco pirata de Willy el tuerto en cualquier momento...


(Posar en estas condiciones no es tarea fácil. No juzguéis, eh...)


La gruta verde.



El arco natural, con forma de elefante.


Y la joya de la corona: la gruta azul. Pequeña cueva con aguas de un intenso y fascinante color zafiro, debido al reflejo natural de los rayos del sol, que el emperador Tiberio utilizaba como piscina privada.

10. La brisa fresca que corre por la isla es realmente agradable. Eso sí, si intentáis posar para una foto desde el barco, tenedla en cuenta :-)


11. Y por último, aunque no menos importante, la compañía.
Eso sí, ésta depende de vosotros... Capri lo único que hace es aderezar.
Eso sí, adereza muy bien :-)


Te quiero Noma, feliz cumpleaños :*

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