Hacía muchos meses que mis pies no pisaban la playa.
Oh, la playa... Tan presente en mi infancia y adolescencia en Ceuta, que la había dado por sentado en mi vida.
Pero luego me mudé a Granada y, en casi 8 años sólo he podido ir en contadas ocasiones.
Y luego en Barcelona, en estos 2 últimos años, nunca tenía tiempo...
Y mi piel se tornó blanca y delicada... Y perdí la costumbre... Aunque nunca la necesidad.
Pero luego me mudé a Granada y, en casi 8 años sólo he podido ir en contadas ocasiones.
Y luego en Barcelona, en estos 2 últimos años, nunca tenía tiempo...
Y mi piel se tornó blanca y delicada... Y perdí la costumbre... Aunque nunca la necesidad.
Ayer M. me propuso ir a merendar a la playa cuando él saliera del trabajo. No a tomar el sol ni bañarnos, claro, por la hora, pero sí a tomar algo y pasear y ver el atardecer... ¿Cómo podía negarme a un plan así?
De modo que preparé una bolsa-picnic con nuestros sandwiches favoritos y algunas cosas para picar, una botella de Vichí Catalán bien fresquita (haciendo publi otra vez, que a mi hermana le gusta jeje), las cámaras de fotos y mi toalla Pegotito (marca registrada), que este verano cumplirá 9 años (gracias Susana).
Y comimos, y paseamos y jugamos...
E hice la tonta un rato, que es una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo...
¡¡Que tengáis una buena tarde y que vayáis mucho a la playa si tenéis ocasión!!