Como, a pesar de organizar habitaciones y pintar la casa, hacer pequeñas excursiones por la ciudad y cuidar de nuestra granja particular, los días me sabían a poco, decidí invertirlos en crear una pequeña (y muy humilde) escuela en uno de los garajes de casa.
Y como tengo muchos primos, y estos a su vez tienen muchos hijos... Y como es Semana Santa y están de vacaciones... alumnos -de momento- no me han faltado.
Así, cada tarde, aparecen cargados con sus libros y libretas, sus sonrisas y -sopresa- su ilusión, dispuestos a hacer deberes, exámenes y a estudiar (!).
Yo, por mi parte, hago lo que puedo. Paciencia, creatividad y algunos conocimientos son mis mejores armas. Y ganas. Sobre todo ganas. Porque, por qué no admitirlo, estos niños y esta "escuela", me aportan probablemente más a mí que a ellos.
Me encanta mi escuela.
¡Gracias por venir!
:-)